Napoleón y su Fat Bike, comprar bici nunca había sido tan revolucionario.

Napoleón y su Fat Bike, comprar bici nunca había sido tan revolucionario

Soy María Luisa de Austria, más conocida como la segunda mujer de Napoleón Bonaparte y defensora a ultranza de las Fat Bike.

“Et vous vous demanderez pourquoi”, perdón en español 🇪🇸 , Y os preguntaréis el por qué, pues os lo cuento.

Si Napoleón me hubiera hecho caso cuando le dije lo de comprar bici, otro gallo hubiera cantado, creo que en España lo decís así. 

Primavera de 1812, Napoleón y unos amiguetes se reunieron en casa y estuvieron hablando de algo de invadir Rusia.

Sí, a mi marido le seguía mucha gente y no lo entiendo🤷‍♀️ la verdad, con lo poquita cosa que era, pero bueno en realidad, como en casa mandaba yo, fuera le dejaba que mandara lo que quisiera. 

Yo me quedé con la copla y cuando los amigos se fueron a sus casas, le dije a Napoleón: 

“Cari, qué es eso de plantarte en Rusia con tus amiguitos. Te has planteado que gasto más tonto es eso de llevar caballos, he visto unas bicis con unas ruedas muy gordas, creo que se llaman Fat Bike, que te vendrían mejor. Plantéate que a los caballos hay que darles de comer, de beber y lógicamente se cansan y si te compras una bici te ahorrarás mucho dinero y sobre todo cabreos”

 

Napoleón me miró primero con cara de no creerse lo que estaba escuchando, ¡por dios! había dicho un anglicismo, madre mía casi la lía el pequeñajo. Luego me dijo que, si llegaba a Rusia en bici seguro que se reían de él, que el caballo le daba más corpulencia, que además “Cést di Gâteau” (que eso era pan comido), que volvería antes de que los caballos lo notaran.

Pero bien cierto es que, si se hubiera decidido por comprar bici y se hubiera presentado con su Fat Bike, desapercibido no hubiera pasado fijo, sólo hay que ver que envergadura tienen, que planta, que bravío.

No quiso comprar bici, me preguntó que para qué quería él esa tal Fat Bike.

Claro, que os pensaréis que esto no puede ser cierto, que me lo estoy inventando, que las Fat Bike son de finales del siglo XIX, pero lo cierto es que en nuestra época ya teníamos algunas circulando, sólo que el acceso a ellas era para unos pocos privilegiados, nosotros entre ellos, la plebe no era consciente de su existencia.

Le comenté, que Fransua De Pedalier, amigo íntimo de la familia, se fue a comprar bici a la boutique de Dominique para ir a Alaska, pero éste amigo le dijo que directamente en Alaska le podrían dejar alguna más adecuada para esos terrenos, porque a la gente de la zona le había dado por comprar bici especial para montar por nieve. La anchura que tiene el neumático y por la cual se puede llevar con baja presión, garantiza comodidad y ligereza en terrenos quebrados. Te da tanto control y estabilidad, que te permite ciertos riesgos.

Y no me podéis negar que un francés fino en Rusia, corre muchos riesgos. También son buenas, además de para la nieve, para el barro, y creo que ahí, en Rusia, tendrían mucho de los dos porque, aunque fuera un “coser y cantar” para Napoleón, yo pensaba que iría para rato.

Pero claro, ¿cómo una mujer iba a saber de guerras y estrategia?, pues no sé de estas cosas, pero lo sé todo en cuestión de ver venir los riesgos con mi Napoleoncito, el niño, no el padre, porque se mete en cada lío también éste.

Napoleón decía que cómo podía comprar una bici de estas Fat Bike, que no eran ligeras, que si tenía alguna subida empinada se le haría horrible el sobre esfuerzo. Hombre, y si el caballo se te da la vuelta para comer o dice hasta aquí he llegado, ¿qué haces?, Al menos si compras una bici, ésta no te va a rechistar. No tienen que comer, ni beber, no se cansan. Además, la plantas unas alforjas y pongas el peso que pongas no dicen ni mu.

Al final de la conversación me dijo que pasaba de comprar bici y que seguía con su caballo de toda la vida y así como el que no quiso la cosa se plantó en Rusia.

Y fue entonces cuando la historia me dio la razón.  🙄

Napoleón volvió cabizbajo 😔 a casa después de esta incursión en Rusia, yo creo que me temía más a mí que a otra cosa.

Imaginaos con lo que somos las mujeres que además somos madres, un poquito cansinas con eso de que cuando tenemos razón repetimos un pelín la frase de “ya te lo había dicho yo, pero como nunca me haces caso”.

Después de este fracaso y así un día, como el que no quiso la cosa, se decidió por comprar bici, claro la Fat bike. “Mon Dieu”, cuando lo vi llegar a casa con ella no dije nada, sólo le miré de reojillo y se me dibujó una medio sonrisa maliciosa de “al final me has hecho caso”. 

Parecía un niño chico con su Fat Bike, de arriba abajo por los campos Elíseos llenos de barro, corría por la Plaza de la Concordia y sus preciosos jardines, volvía hasta la parte alta junto al Arco del triunfo, ahí paraba, se comía un bocata de nocilla, que previamente había preparado la cocinera, descansaba, que estaba un pelín metido en kilos y volvía a casa.

Sin decir palabra entraba y aparcaba su Fat Bike junto al caballo y después de estar como 10 minutos mirándola, que en algún momento me ponía hasta celosa de tanto como la miraba, cerraba las caballerizas y se sentaba en el sofá a leer.

Jamás reconoció que si me hubiera hecho caso la historia podría haber sido otra.

Pero aún no diciéndolo, yo sé que, en sus más profundos pensamientos, sabía que tenía que haber hecho caso a su esposa.

Moraleja, en las cosas del quéhacer a la esposa obedecer jejeje.

Bonjour Les Cyclistes

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